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«En el sentido de Tolkien, no en el sentido endocrinológico o de Blancanieves, Randy era un enano. Los enanos de Tolkien eran personajes robustos, taciturnos y vagamente mágicos que pasaban mucho tiempo en la oscuridad creando a martillazos objetos hermosos, por ejemplo, Anillos de Poder. Considerarse a sí mismo un enano que había colgado el hacha de guerra durante un tiempo para ir de viaje por la Comarca, donde estaba rodeado por peleones hobbits (los amigos de Charlene), había sido muy beneficioso para la tranquilidad mental de Randy en los últimos años»

Neal Stephenson se ha ido convirtiendo, con el paso del tiempo, en uno de mis escritores favoritos de ciencia ficción. En su día quedé fascinada por su novela La era del diamante (con uno de los pocos personajes femeninos de la ciencia ficción que me han parecido algo más que comparsas; nota mental: tengo que hablar algún día de eso). Y ahora que he leído el primero de los tres volúmenes en los que se dividió esta novela aquí en España, estoy convencida de que me va a gustar aún más a partir de ahora.

Esta novela se aleja un poco de la corriente de ciencia ficción típica de Stephenson, y está más centrada en hechos históricos que en otra cosa. Concretamente, en la historia de la criptografía moderna (que evolucionó cosa mala durante la Segunda Guerra Mundial, y que a día de hoy sigue desarrollándose a un ritmo frenético). Sin embargo, y a pesar de desarrollarse en dos épocas distintas de forma paralela (por un lado, los inicios de la década de los 40, con los criptógrafos de cada bando rompiendo los códigos del otro, y la carrera por desarrollar nuevos códigos y nuevas máquinas antes que sus enemigos; por otro lado, la época actual) y con personajes y situaciones reales (Pearl Harbor, Alan Turing, los códigos y máquinas Enigma, etc.), Stephenson echa mano de personajes ficticios e incluso de lugares ficticios para construir su historia.

Los protagonistas son tres hombres estadounidenses y una mujer de orígenes filipinos y estadounidenses: por un lado, y en la época de la Segunda Guerra Mundial, tenemos al matemático Lawrence Prittchard Waterhouse, un tío un poco alelao que es una máquina de codificar y decodificar, y al sargento Bobby Shaftoe de la Marina americana, héroe de guerra con más luces de las que suelen tener los soldados de su calaña. Por otro lado, y en la época actual, están sus descendientes: Randy Waterhouse y Amy Shaftoe, quienes están colaborando, junto con sus respectivos socios, para crear una refugio seguro de datos en el ficticio sultanato de Kinakuta.

En ambos hilos argumentales, en esta primera entrega, además de unas explicaciones bastante detalladas sobre criptografía y tecnología (y varias situaciones hilarantes, como por ejemplo el examen de ingreso de Lawrence en el Ejército, o las continuas referencias de Randy hacia sí mismo como un enano de Tolkien), se muestran sobre todo las implicaciones políticas en la historia de la criptografía: en la Segunda Guerra Mundial, para ocultar lo que se sabía, y en la época actual, por el blanqueo de dinero a nivel "oficial"...

Seguiremos informando, por supuesto. De momento yo recomendaría a los aficionados a la criptografía y al tratamiento de datos durante la II Guerra Mundial, que lean esta primera entrega. No les va a defraudar... aunque reconozco que algunas secciones son un poco demasiado técnicas. Aunque no es que me importe :-P

Besos